lunes, 11 de febrero de 2008

Martín Casariego: Todo sigue tranquilo


(...)"Amarillo nos deja el retrato
de un atormentado joven que odiaba ser fotografiado,
que llevaba sendos aros de plata
en las orejas como si hubiera dado dos vueltas
al mundo navegando, que reía a carcajadas

para ocultar la tristeza de su mirada. Y
también, la sensación de que a Romeo –porque
cuando retratamos a otros, nos estamos
retratando también a nosotros mismos– le
sigue persiguiendo el fantasma de aquella
amistad, de aquella tragedia, y de que este
libro es un intento de pasar página definitivamente."(...)